Esa noche venía corriendo contento por que había recibido mi cinta naranja de la escuela de Karate, corre y corre y brinque y brinque y moles cabron, que me voy de hocico y a chingar su madre los dientes... lloré cabron ese día, me asusto ver como brotaba sangre de mi boca sin parar.
Desde entonces, me amarro bien los zapatos..... exceptuando aquella vez que no me los amarré y casi me caigo de la escalera de la secundaria. Ufffffffff!!! que cerca estuvo.
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